- Pide un deseo
- ¿Para qué?, eso no vale para nada
- Tú hazme caso y pide un deseo
- No pienso pedir ningún deseo
- Pero, ¿por qué?
- Porque lo único que quiero es lo único que no puede hacerse realidad
- ¿Y cómo lo sabes?
- Porque pedí mi deseo una vez... y sólo se quedó en eso: un deseo, una ilusión, un sueño...
Cuando enfrentarse a la verdad sirve para regresar, una vez más, a nuestra nube: nube dulce nube...
lunes, 31 de mayo de 2010
sábado, 29 de mayo de 2010
Quiero...
Coger el estrés y el agobio a las 8:30 y dejarlo discutiendo solo a las 11:00. Tomar un café y un pincho en el bar de enfrente, reír y sentir cómo se alejan los problemas resbalando, por el taburete que me mantiene, para morir en las baldosas grises del suelo. Regresar a las 11:25 a esa mesa donde me espera mi portátil, sentarme en esa silla azul sin aquellos problemas que olvidé y descubrí que no son tan importantes como pretendían ser. Escribir con calma, olvidar dónde estoy y concentrarme en mi propio esfuerzo: es tan reconfortante sentir que nada puede contigo y que siempre encuentras alguna solución que ni por asomo pensabas que llegaría...
Salir a las 14:40 cansada, con las tareas ya planeadas para el día siguiente, pero satisfecha. Mirar al cielo azul de verano, limpio de nubes, al abrir esa pesada puerta que no volveré a tocar ese día más, subirme a mi coche, ponerme las gafas de sol marrones, bajar las ventanillas para que la brisa cálida alivie el fuego que hay dentro, alejarme sonriendo, sintiéndome la accionista mayoritaria de la felicidad del mundo entero. Llegar al aparcamiento de la playa a las 15:06, bajar las escaleras de piedra y descalzarme antes de tocar la arena, ponerme el bikini, recogerme el pelo, acercarme al agua con la sensación de hambre. Sumergirme en el mar rápida y suavemente, y bucear, bucear hasta sentir que mi corazón se refresca al ritmo de mi piel. Flotar con el agua debajo de mi cuerpo, cerrar los ojos, no oír a los niños que ríen mientras juegan en la arena, escuchar solamente la respiración de la profundidad del mar y dejarme acunar por esa melodía.
Y sentir de nuevo esa sensación que tanto me llena: que la vida me parezca buena.
Salir a las 14:40 cansada, con las tareas ya planeadas para el día siguiente, pero satisfecha. Mirar al cielo azul de verano, limpio de nubes, al abrir esa pesada puerta que no volveré a tocar ese día más, subirme a mi coche, ponerme las gafas de sol marrones, bajar las ventanillas para que la brisa cálida alivie el fuego que hay dentro, alejarme sonriendo, sintiéndome la accionista mayoritaria de la felicidad del mundo entero. Llegar al aparcamiento de la playa a las 15:06, bajar las escaleras de piedra y descalzarme antes de tocar la arena, ponerme el bikini, recogerme el pelo, acercarme al agua con la sensación de hambre. Sumergirme en el mar rápida y suavemente, y bucear, bucear hasta sentir que mi corazón se refresca al ritmo de mi piel. Flotar con el agua debajo de mi cuerpo, cerrar los ojos, no oír a los niños que ríen mientras juegan en la arena, escuchar solamente la respiración de la profundidad del mar y dejarme acunar por esa melodía.
Y sentir de nuevo esa sensación que tanto me llena: que la vida me parezca buena.
viernes, 28 de mayo de 2010
En un rincón
Felicidades. Enhorabuena por cada logro que consigues, por pequeño que te parezca no lo subestimes, no te subestimes... Desde este rincón, a millones de kilómetros de distancia de ti, sólo quería decirte que me alegro de un modo que no creía que pudiera alegrarme ya. Luego, al experimentar esa felicidad y darme cuenta, una vez más, de que tú eres el verdadero motivo de alegría, entristezco... No me odio, pero tampoco me aplaudo: sé que no está bien que me sienta como si estuviera de nuevo en el infierno... que no puedo quedarme ahí eternamente.
Me tranquilizo a mi misma, reflexiono, me convenzo de que es algo pasajero y que ese tiempo que tantas veces me han dicho que cura todo, acabará difuminando los recuerdos para poder seguir mi camino, apartando así este peso, apartando así los sentimientos. Tengo miedo, es ridículo, lo sé, pero tengo miedo. Tengo miedo de quedarme para siempre en medio de la nada, de no conseguir ver la luz al final del túnel. Tengo miedo y siento que cada vez este miedo es más fuerte porque se hace más profundo, se cuela en mi interior y no sé si me ganará la batalla. Sé que no puedo consentir que pase eso, me perdería a mi misma y no me quedaría nada pero cuando las fuerzas me fallan el miedo avanza con pasos de gigante, me quita terreno, me aísla en un rincón durante días: y yo me siento en el suelo, me encojo, escondo la cabeza entre las piernas y lloro...
Pero sé (quiero creer) que, como otras veces, una mañana me despertaré y habré recuperado las energías que ahora me faltan. Y no tendré miedo al miedo porque me sentiré protegida por mi misma y, aunque yo avance a pasos pequeños, caminaré con la convicción de que existe un horizonte.
Nunca sabrás el alcance de todos los sentimientos que laten aquí por ti, que salen en forma de palabras, que respiran aliviados cuando se escriben. Nunca sabrás, realmente nunca sabrás que tus ojos son los únicos que consiguen desestabilizar, para bien y para mal, mi mundo entero. ¿Acaso no es motivo suficiente para tener miedo?.
Me tranquilizo a mi misma, reflexiono, me convenzo de que es algo pasajero y que ese tiempo que tantas veces me han dicho que cura todo, acabará difuminando los recuerdos para poder seguir mi camino, apartando así este peso, apartando así los sentimientos. Tengo miedo, es ridículo, lo sé, pero tengo miedo. Tengo miedo de quedarme para siempre en medio de la nada, de no conseguir ver la luz al final del túnel. Tengo miedo y siento que cada vez este miedo es más fuerte porque se hace más profundo, se cuela en mi interior y no sé si me ganará la batalla. Sé que no puedo consentir que pase eso, me perdería a mi misma y no me quedaría nada pero cuando las fuerzas me fallan el miedo avanza con pasos de gigante, me quita terreno, me aísla en un rincón durante días: y yo me siento en el suelo, me encojo, escondo la cabeza entre las piernas y lloro...
Pero sé (quiero creer) que, como otras veces, una mañana me despertaré y habré recuperado las energías que ahora me faltan. Y no tendré miedo al miedo porque me sentiré protegida por mi misma y, aunque yo avance a pasos pequeños, caminaré con la convicción de que existe un horizonte.
Nunca sabrás el alcance de todos los sentimientos que laten aquí por ti, que salen en forma de palabras, que respiran aliviados cuando se escriben. Nunca sabrás, realmente nunca sabrás que tus ojos son los únicos que consiguen desestabilizar, para bien y para mal, mi mundo entero. ¿Acaso no es motivo suficiente para tener miedo?.
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