Estoy cansada, y no porque haya hecho mucho últimamente, al contrario. Haciendo balance del fin de semana, no puedo quejarme: el viernes fui al concierto de Fito&Fitipaldis con dos amigas. Fue genial, Fito me enamoró hace tiempo con sus letras y sus melodías, en las que siempre puedo encontrar un reflejo de mí y donde muchas veces encuentro el consuelo; pero escucharle en concierto, ver la emoción y los sentimientos que ofrece a su público, fue especial... sencillamente, no tengo palabras suficientes para expresar lo increíble y lo genial que fue. Él estaba también allí y por mensaje quedamos en vernos un rato a la salida, fue algo breve: saludo, presentaciones a mis amigas, un qué tal y para casa.
El sábado tuve fiesta de pijamas con las amigas que fui al concierto y con otros más de siempre. Tuve algún momento de empanada mental después de cenar, fue algo general, la gente se amodorró un poco en el sofá y viendo la tele, pero después sacamos algo para "entrar en calor" y la fiesta se animó. Muchas risas y anécdotas divertidas que recordare siempre y que sé que comentaré con ellos muchas veces, como ya hemos estado haciendo hasta ahora.
El domingo tocaba la vuelta a casa, por la mañana ya me desperté pensando en él. La lluvia, el frío, la oscuridad del cielo tormentoso... me recordaron que dos días de diversión no son suficientes para callar esto que siento. Le echo de menos, y al llegar a mi casa no aguanté más y se lo dije por mensaje privado. ¿Por qué lo hice? porque necesito darle estos sentimientos que llevan su nombre, que les conozca porque le conciernen, porque no sería justo arrinconarlos sin que lo sepa, que le echo de menos.... y que ahora que ya lo sabe ya no es tan difícil apartar estos recuerdos, su olvido ya no depende en exclusiva de mi porque ahora él también les conoce y puede guardarlos a su manera.
Ayer: un día más. Hoy: un día más, a excepción de que hoy soy más consciente de que no termino de centrarme en mis quehaceres académicos. Siento miedo por tener que tomar responsabilidades, ahora que estoy en el último año de carrera y el Proyecto Fin de Carrera ya se está cociendo... miedo porque tengo la sensación de no saber nada y de no poder enfrentarme a ello, miedo porque no tengo ganas de hacer nada y eso no es bueno, miedo porque, en cierto modo, es poco el tiempo que me queda para anhelar cada mañana la idea de verle a lo largo del día por la facultad... miedo, porque eso significa alejarme de él... y no hay vuelta atrás.
Cuando enfrentarse a la verdad sirve para regresar, una vez más, a nuestra nube: nube dulce nube...
martes, 10 de noviembre de 2009
jueves, 5 de noviembre de 2009
Recordando recuerdos y viviendo con ellos
Estoy de pie, con todos mis recuerdos entre mis brazos y me pregunto todo el rato qué puedo hacer con ellos. Lo medito un rato y me viene a la mente que quizá deba tirarlos a la basura pero el simple hecho de pensar en deshacerme de ellos, de que acaben en el olvido y de no volver a verlos nunca más, me quita la idea de la cabeza: son demasiados y demasiado bonitos como para que desaparezcan, se pierdan en la nada y no encuentren el aprecio que merecen. Sigo con ellos en mis brazos, les aprieto un poco más fuerte hacia mi, me abrazo con ellos y les prometo entre susurros que no morirán.
Sigo en pie y sigo buscando alguna solución para aliviar un poco el dolor, mientras tanto toco uno de los recuerdos y en un segundo revive en mi, entonces lloro...cierro los ojos y sigo llorando. Son tan bonitos estos recuerdos... tienen vida propia, veo la luz en su interior y cómo me invitan a posar mi mano sobre ellos y dejar que me muestren otra vez momentos felices en los que los días siempre brillaban aunque hubiera nubes en el cielo, días en los que una canción triste no me entristecía...
Aún estoy en pie y mientras me seco las lágrimas comprendo que no puedo tampoco aferrarme a ellos durante todo el día, tengo que encontrar una solución y de repente se me ocurre: los guardaré en una caja, en un rincón de este lugar tan cálido y hogareño, sí eso haré y de ese modo tampoco les perderé, podré visitarles de vez en cuando y podré aliviar la carga de tanto dolor y de este modo lograré seguir adelante. Llego a ese rincón de mi corazón, y encuentro una caja vacía, está abierta y me es inevitable pensar que en realidad esa caja ya me estaba esperando... empiezo a guardar con cuidado los recuerdos en ella pero hay un problema: no entran todos. No, no, no... no puede ser, ¿ por qué son tantos?, maldigo mi suerte y lloro otra vez.... Les miro, claramente hay recuerdos más hermosos, y a la vez más dolorosos, que otros y entonces encuentro la solución: guardaré en la caja estos, los más intensos, los que más duelen, los que más pesan... y así aliviaré mi carga, aliviaré el dolor, y aprenderé a vivir con los otros en mis brazos. Así que eso hago, guardo en la caja esta clase de recuerdos, lo hago con sumo cuidado, no quiero que se rompan y al ir cogiéndoles me acarician... y lloro de nuevo.
Todavía estoy aquí, de pie, miro la caja, ahora cerrada, y a través de sus esquinas se escapa la luz de los recuerdos que alberga en su interior... la veo moverse, son ellos, me llaman. El nudo que tengo en la garganta me ahoga un poco más de lo habitual y con gran esfuerzo les doy la espalda, no me alejo pero así tampoco puedo verlos. Me siento en el suelo, con el resto de recuerdos en mis brazos, pero sigo oyendo cómo se mueven los otros en la caja que está a mi espalda. Cierro los ojos y lloro... lloro porque les estoy recordando y ni siquiera alcanzo a tocarlos, lloro porque son ellos los que me alcanzan a mi aunque les de la espalda, lloro porque son más fuertes que la distancia que nos separa... lloro porque esta vez soy yo la que revive en ellos.
Sigo en pie y sigo buscando alguna solución para aliviar un poco el dolor, mientras tanto toco uno de los recuerdos y en un segundo revive en mi, entonces lloro...cierro los ojos y sigo llorando. Son tan bonitos estos recuerdos... tienen vida propia, veo la luz en su interior y cómo me invitan a posar mi mano sobre ellos y dejar que me muestren otra vez momentos felices en los que los días siempre brillaban aunque hubiera nubes en el cielo, días en los que una canción triste no me entristecía...
Aún estoy en pie y mientras me seco las lágrimas comprendo que no puedo tampoco aferrarme a ellos durante todo el día, tengo que encontrar una solución y de repente se me ocurre: los guardaré en una caja, en un rincón de este lugar tan cálido y hogareño, sí eso haré y de ese modo tampoco les perderé, podré visitarles de vez en cuando y podré aliviar la carga de tanto dolor y de este modo lograré seguir adelante. Llego a ese rincón de mi corazón, y encuentro una caja vacía, está abierta y me es inevitable pensar que en realidad esa caja ya me estaba esperando... empiezo a guardar con cuidado los recuerdos en ella pero hay un problema: no entran todos. No, no, no... no puede ser, ¿ por qué son tantos?, maldigo mi suerte y lloro otra vez.... Les miro, claramente hay recuerdos más hermosos, y a la vez más dolorosos, que otros y entonces encuentro la solución: guardaré en la caja estos, los más intensos, los que más duelen, los que más pesan... y así aliviaré mi carga, aliviaré el dolor, y aprenderé a vivir con los otros en mis brazos. Así que eso hago, guardo en la caja esta clase de recuerdos, lo hago con sumo cuidado, no quiero que se rompan y al ir cogiéndoles me acarician... y lloro de nuevo.
Todavía estoy aquí, de pie, miro la caja, ahora cerrada, y a través de sus esquinas se escapa la luz de los recuerdos que alberga en su interior... la veo moverse, son ellos, me llaman. El nudo que tengo en la garganta me ahoga un poco más de lo habitual y con gran esfuerzo les doy la espalda, no me alejo pero así tampoco puedo verlos. Me siento en el suelo, con el resto de recuerdos en mis brazos, pero sigo oyendo cómo se mueven los otros en la caja que está a mi espalda. Cierro los ojos y lloro... lloro porque les estoy recordando y ni siquiera alcanzo a tocarlos, lloro porque son ellos los que me alcanzan a mi aunque les de la espalda, lloro porque son más fuertes que la distancia que nos separa... lloro porque esta vez soy yo la que revive en ellos.
domingo, 1 de noviembre de 2009
El Blog del Inquisidor
Domingo 1 de Noviembre. Estoy mejor que hace un mes, eso es un hecho que puedo asegurar, pero no puedo decir que esté superado. En este tiempo he podido leer un par de libros y ambos me han ayudado a pasar los días de manera que no pensara que mi vida es un infierno durante las 24 horas, además me han hecho reflexionar sobre todo: él, la vida en general, mi vida personal, en definitiva... yo.
El Blog del Inquisidor, escrito por Lorenzo Silva, lo terminé de leer el Viernes. Los primeros capítulos me parecieron un poco pesados, hubo momentos en que no supe si dejar de leerlo y devolverle a la biblioteca.... trataba al principio básicamente el tema de la Inquisición en España, y con todo mi respeto, la historia nunca ha sido uno de mis fuertes. Pero ahora que le he leído comprendo por qué era necesario someter al lector al tema, de modo que se pueda lograr una cierta ubicación sobre a qué se refería el personaje que contaba la historia y entender así la suya propia.
No voy a contar aquí de qué iba el libro porque soy bastante mala haciendo resúmenes y porque creo que es mejor descubrir los libros por uno mismo y hacerse su propia visión, así que si a alguien le interesa seguro que le puede encontrar en alguna biblioteca fácilmente.
Lo que me gustaría destacar es una de las cosas que contaba el Inquisidor a Theresa y que me ha hecho pensar mucho, cito aquí el fragmento:
No, no soy tampoco una de esas pelmas que van por ahí cargando sus fracasos a los demás y por eso ahora no puedo hacer otra cosa que silenciar mi dolor en la medida de lo posible enfrascada en el estudio, el deporte y los fines de semana con los amigos. No soy una pelma, porque serlo tampoco aliviaría en lo más mínimo algo de todo esto que siento... no soy una pelma, porque no forma parte de mi naturaleza pero ahora también puedo comprender que si lo fuera quizá todo esto sería más fácil, podría sacudirme la tristeza y seguir sin volver la vista atrás sin esfuerzo.
Supongo que, al fin y al cabo, nunca se encuentran los motivos exactos para comprender las partes amargas de la vida. Sólo queda seguir el camino, a mi no me cabe duda de que me va a costar mucho dejar de volver la vista atrás hacia esta época que estoy viviendo, pero no puedo hacer otra cosa que seguir. Seguir y, aunque sé que los recuerdos no se van a ir y que duelen como el primer día, tapar esos momentos y no dejarles salir a la superficie.
El Blog del Inquisidor, escrito por Lorenzo Silva, lo terminé de leer el Viernes. Los primeros capítulos me parecieron un poco pesados, hubo momentos en que no supe si dejar de leerlo y devolverle a la biblioteca.... trataba al principio básicamente el tema de la Inquisición en España, y con todo mi respeto, la historia nunca ha sido uno de mis fuertes. Pero ahora que le he leído comprendo por qué era necesario someter al lector al tema, de modo que se pueda lograr una cierta ubicación sobre a qué se refería el personaje que contaba la historia y entender así la suya propia.
No voy a contar aquí de qué iba el libro porque soy bastante mala haciendo resúmenes y porque creo que es mejor descubrir los libros por uno mismo y hacerse su propia visión, así que si a alguien le interesa seguro que le puede encontrar en alguna biblioteca fácilmente.
Lo que me gustaría destacar es una de las cosas que contaba el Inquisidor a Theresa y que me ha hecho pensar mucho, cito aquí el fragmento:
Encuentro mucha verdad y mucha lógica, como el propio personaje dice, en eso de que tenemos lo que merecemos tener, y perdemos lo que merecemos perder. No voy a negar que esta frase me hizo sentirme bien conmigo misma, con la conciencia tranquila, pero a la vez me dolió porque enfrentarse a la realidad a veces no es sencillo y tras esa frase no sólo se encuentra mi consuelo sino también me pena, mi dolor... tenemos lo que merecemos tener... yo no merecía tenerle a él y, a fecha de hoy, eso me duele.".., sobretodo en mis relaciones con otras personas, parto de esta premisa: tenemos lo que merecemos tener, y perdemos lo que merecemos perder. Porque sólo merecemos tener lo que necesitamos, y cuando necesitamos algo sabemos cuidarlo y no lo perdemos. Y merecemos perder lo que no necesitamos, y cuando no necesitamos algo no sabemos cuidarlo y dejamos de tenerlo. No sólo resulta lógico, sino que admitirlo así sirve para estar en paz con uno mismo, responsabilizarse de la propia vida y no convertirse en uno de esos pelmas que van por ahí cargando en la cuenta de los demás sus propios fracasos. "
No, no soy tampoco una de esas pelmas que van por ahí cargando sus fracasos a los demás y por eso ahora no puedo hacer otra cosa que silenciar mi dolor en la medida de lo posible enfrascada en el estudio, el deporte y los fines de semana con los amigos. No soy una pelma, porque serlo tampoco aliviaría en lo más mínimo algo de todo esto que siento... no soy una pelma, porque no forma parte de mi naturaleza pero ahora también puedo comprender que si lo fuera quizá todo esto sería más fácil, podría sacudirme la tristeza y seguir sin volver la vista atrás sin esfuerzo.
Supongo que, al fin y al cabo, nunca se encuentran los motivos exactos para comprender las partes amargas de la vida. Sólo queda seguir el camino, a mi no me cabe duda de que me va a costar mucho dejar de volver la vista atrás hacia esta época que estoy viviendo, pero no puedo hacer otra cosa que seguir. Seguir y, aunque sé que los recuerdos no se van a ir y que duelen como el primer día, tapar esos momentos y no dejarles salir a la superficie.
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